No quiero escribir de amor,
porque me apetece pasármelo bien.
Me aburre llenar
cada parte
de algo que escribo
hablando de amor
y desamor
del gato que se perdió
de la novia que no tuve
o de la araña
que se hace un hueco
al lado del colchón.
Me parecen pocos
los poemas que se escriben
a los dedos, corazón.
Y demasiado
lo que algunos
sabemos
de pastillas
para
dormir.
Para qué vamos a mentirnos
ni mentirles.
Ya hemos hecho todo el daño que teníamos que hacer.
Hemos tirado la casa por la ventana.
Y empezado los cimientos por un tejado de caramelo.
Así somos.
Vamos hacia el mismo camino
y lo cierto es
que nos gusta hacernos tropezar
y darnos el mapa equivocado
porque sabemos
que llegaremos.
Con pies de plomo
y algo de torpeza
llego hasta ti
Tan torpe como el primer polvo
tan necesario como el segundo.
No me apetece hablar de amor
quiero hablar
de esos días
de saltar las vallas del parque
donde los guardas nos enjaulaban
por darnos besos hasta las tantas,
de la fantasía
de que seas mujer de otra
y me quieras a mi.
Y duermas conmigo.
Que no entiendo de modas
pero por ti
me he aprendido las costuras de tus pantalones
de memoria.
El mundo está lleno de inútiles
que dicen sufrir el síndrome de Stendhal
sin haberte visto
sonreír.
Pero hoy
no vengo a hablar
de eso.

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