domingo, 27 de enero de 2013

Las calles hablaron de la donna


Decían de la donna que estaba hecha del humo de los bares. Doquiera que fue, bienvenida era. La donna perfumaba las calles con elegancia y misericordia. La cabeza erguida, anillos adornaban sus manos, los tacones decididos iban a un único sitio. Los balcones arrodeaban la cabeza para mirarla. Inasequible capricho que nadie podía comprar. El cielo de París se abría a sus pies. Y si faltaba tabaco, siempre había algún caballero dispuesto a ofrecer un cigarro. Se derretía la bien pagá bajo el sol del nuevo día. Celosas las flores de los balcones alzaban sus tallos intentando hacerse ver. En la pedregosa calle la multitud corría de un lado a otro ocupándose de sus quehaceres. A todos invadía la prisa, a todos menos a algún mendigo que reposaba el fatigado cuerpo sobre un cartón. Unos pedían limosna arrodillados, a otros la corbata no les escondían los ojos tristes y apagados. Igual de pobres, trajeados y bien vestidos. Algunos ricos de alma, sólo algunos. Chocaba el contraste de la pulcritud de las mujeres que en la esquina trabajaban, con la deshonesta imagen de religiosas que más abajo aparecían. Y entre el ir y venir, el acordeón se encargaba de colorear las calles, notas alegres se mezclaban con las gentes.

Y la donna seguía calle abajo, sin tacones, elegancia, ni anillos...sólo tenía un abrigo bajo el que escondía tesoros y versos. Tenía por zapatos un gran camino. Imaginación y sentidos se enredaban en su pelo, y también alguna mentira. Pedestales tenía muchos, todos de paja.
Y era tan pobre como un mendigo rico de alma.

martes, 22 de enero de 2013

Ahora se acostumbren sin mi...

Y ahora me voy, sin más equipaje que el silencio y el oro de mi tiempo. Me voy a perderme, para al final encontrarme. Me he asomado al abismo y el vértigo me ha estrujado el cuello, tengo las piernas rotas de tanto correr. Me voy, dejando musas viudas gestando vida y desequilibrios, despeinadas y tan guapas. Verbenas sin baile ni borracho. Dejando atrás alegrías y penas. Me voy sin más, donde mis pies me lleven, porque así lo he decidido yo. Me voy queriéndote de la forma más sana que puedo querer, con los besos que te robé y puertas a medio abrir. Tus cinco segundos de éxtasis ahora son míos y retiembla el eco del gemir como un Big Bang. Dos corazones torpes, mojadas las calles ahora sólo hay silencio. El tiempo será quien ordene tanto caos. Es difícil decir adiós cuando todo encaja.

Ahora llueve y la garganta se me anuda, aún no ha empezado el día. A todas partes van caravanas de hombres tristes, como Machado contaba, van a ninguna parte, y mientras los observaba me he dado cuenta de que la corriente me arrastraba, que yo iba con ellos. Por qué será que me rompo con la misma fragilidad que el papel...A quién le explicaré que el mundo me duele, que sé cuando llega la primavera por el olor de las calles y los días de fiesta me pongo triste sin explicación, quién entenderá que me muero por vivir...
Quién aguantará tanto, si a veces yo misma huyo de mi. Esta filosofía suicida algún día me saldrá cara, ya me lo advertían los sensatos que ni sienten ni padecen.

Hoy me retiro para descansar y vivirme, descansar de mi y de todo, porque tengo las cosas tan cerca que apenas veo con claridad. Me voy para volver, para echar de menos, me voy conmigo, porque aunque hoy no sea mi día ni quizás mi tiempo, me vienen latidos que me recuerdan que estoy viva. Porque cierro los ojos y me imagino Granada tan bonita, pintada de amarillo y naranja, que me vuelven los colores.
Tengo el pecho lleno de luz, pero a quién le explicaré que me rompo como el papel...


Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.
Yo voy a cerrar los ojos
Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raices preferidas.

Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño. 
No puedo ser sin que las hojas 
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno, 
la lluvia que amé, la caricia 
del fuego en el frío silvestre.
En cuarto lugar el verano 
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos, 
Matilde mía, bienamada, 
no quiero dormir sin tus ojos, 
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera 
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero. 
Es casi nada y casi todo.


Ahora si quieren se vayan.
He vivido tanto que un día 
tendrán que olvidarme por fuerza, 
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.


Pero porque pido silencio 
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.


Sucede que soy y que sigo.
No será, pues, sino que adentro 
de mí crecerán cereales, 
primero los granos que rompen 
la tierra para ver la luz, 

pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas 
la noche deja sus estrellas 
y sigue sola por el campo.


Se trata de que tanto he vivido 
que quiero vivir otro tanto.
Nunca me sentí tan sonoro, 
nunca he tenido tantos besos.


Ahora, como siempre, es temprano. 
Vuela la luz con sus abejas.


Déjenme solo con el día. 
Pido permiso para nacer.


Pablo Neruda



sábado, 19 de enero de 2013

Si la cosa funciona


- Nuestra boda fue un completo error. Eres brillante; yo quería alguien con quien hablar. Te encantaba la música clásica, te encantaba el arte, te encantaba la literatura, te encantaba el sexo...¡te encantaba yo!
- Me parecen razones idóneas...
- Sí exacto. Ese es el problema, era lógico, tenía sentido.

lunes, 14 de enero de 2013

Cartas al círculo polar


Las calles que un día me vieron gritar tu nombre, son las mismas que hoy se deshacen cuando las piso. Las negras golondrinas que chocaron contra mis cristales ahora vuelan alto con las alas nuevas que yo misma les dibujé en mi taller de sueños. Entre relojes rotos, piezas de trastos viejos que en el pasado se perdieron y una luz que me alumbra, voy arreglándome sin prisa ni pausas. Dibujando con los dedos puertas que abrir y soles que brillen. Ahora el tiempo nos perdona y me cura estas ansias que un día me envejecieron. El tiempo que te trajo a mi es el mismo que hoy se olvida de nosotros. Como una goma de borrar que hace y deshace a su antojo, tan perfecto y caprichoso que a los locos como yo adormece y serena. La suerte te trajo regalos y a mi un charco donde mirarme la cara cada mañana para no olvidarme de quién soy. Si alguien fue amargura en primavera yo fui primavera entre amargura. Nada más quiero teniendo lo que un día me hiciste olvidar: lo que soy. Yo me consuelo en un amor triste e infinito, tú vuelves a perderte en una boca que el tiempo volverá a borrar.
Ni temblores, ni miedos, ni alegrías.
Ya no queda nada, por no quedar no queda ni vacío.

jueves, 10 de enero de 2013

Delirium tremens


No se extrañe si le digo que la quiero así, libre de mi y del mundo. Lo mismo le da dejar al mundo plantao si quiere sentarse a pensar. Y se fuma un porro con la misma tranquilidad que a mi se me van los días detrás de cualquier delirio. No le miento si digo que no me muero si se va, si se queda le acompaño a caminar. Yo tuve más mujeres y ella una sola boca que alimentar. No tenemos mucho en común, siempre vistió de gala y a mi me gustaba despeinarme con el aire. No la encuentro cuando me lanzo a buscarla, vengo cuando se va, y la olvido cuando me extraña.

Sin embargo, en esta calle nos encontramos cada luna nueva al mes, sin esperarlo ni buscarlo, sin más razón que la de sentir, con la grandeza del que mira y sabe sin mediar palabra, porque no hace falta... Como un eclipse, o el terremoto que nadie nota. Es esa vez, cuando la luna se crece sobre nuestros ojos, alguien toca la guitarra por los tejaos y las calles de colores nos bailan al compás. El aire se llena de música y a nosotras nos da por respirar. Si ha de crecer, no seré yo quien le pinte piedras a su camino. Yo creceré con el mundo con ansias de vida. Y desde un mundo paralelo, con otras gentes y otro cuerpo durmiendo a nuestro lado, sabré bien que todavía hoy, algún extraño día, en diferentes camas dormimos juntas.

"A mis soledades voy..."




A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

«Sólo sé que no sé nada»,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio;
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los estraños,
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento;

y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento,
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo!
Porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños.

Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;

ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni Pascuas dieron.

Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.


Lope de Vega


sábado, 5 de enero de 2013

Pequeño e insignificante apagón de luces

Me voy de aquí, será lo mejor. ¿Qué te pasa ahora? Mala cara tienes... Ésta será la última vez... Siempre dices lo mismo. Harta de casualidades que encajan a la perfección he optado por reventar. Y no me sacará de aquí la droga ni el alcohol, qué va... Siempre me sobraron principios y respeto, desgraciadamente. Ya ves, una maleta llena de cosas absurdas, absurdas y mías, que vendrán conmigo donde vaya. Déjalo...siempre andas con promesas pensando que mañana lo harás mejor. No me crees, pero no es la primera vez que me escuecen los ojos. ¡Ella! Ella misma me habló de algo mejor, de un mundo aparte, me dijo que yo no merecía esto, que era tan mujer que... Cuantas habitaciones de hotel habré pisado ya creyendo encontrar lo que quería. ¿Para qué? Me he acostumbrado a tomarme el café sola, a vivir en parajes desconocidos y ver un cuarto lleno de luz y pinturas que nunca comparto. La soledad no me sienta tan mal, siempre y cuando no venga alguien a perturbar esta armonía. No lo necesito... 
Pero es a veces que me vuelve el polvo y lo esnifo y...me consume.


viernes, 4 de enero de 2013

Ruín(a)


Ésta vez no mentía. Sólo yo podía saberlo. Podría haberme levantado entre tantas voces dibujadas que chocaban en el aire y contarlo todo. Pero miraba sentada en mi sillón como la hostilidad subía, como sube la puta de tu pantalón a la cabeza, y bailaba con el aire mientras los platos se rompían bruscamente contra la pared. La rabia vino a visitarnos y mis ojos hacían por no ver. El peor castigo del mentiroso es que hable de la verdad y nadie lo crea. Y ahora soy yo quien con ojos impasibles observa la guerra, sabiendo que el culpable es inocente. La niña que antes se consumía se ha hecho de cicatriz. Ya ves, hoy la calma se apodera de mi entre aullidos.

miércoles, 2 de enero de 2013

Año nuevo

 

 


Abro los ojos. El último rayo de sol entra por la ventana y me da en la cara. Despierto en la cama con un gesto frágil y dulce. Creo que ayer se terminó todo.


La resaca me despeina las ideas, ideas que intento escribir y se me escapan. Lo peor ya ha pasado, y eso me reconforta. Ha terminado el tiempo de guerras y soldados de plumas con heridas de besos. Para mi ha sido suficiente, he envejecido como Bécquer en sus poesías cada noche que morí sin encontrarme. El cielo se llevó parte de mi en el último funeral. No vinieron a verme ni los colores en los peores días. Días que la inspiración desvanecía, mientras yo me perdía y ella se fue con la marea. Creo que llegué a perderlo todo, hasta los zapatos. Mi camino...siempre he sabido que mi camino era la pintura. Y hasta eso me lo han llegado a discutir, incluso eso... Este amor a la pintura es lo único que tengo asegurado para toda la vida, eso y esta joven piel que hoy se desviste. Pero no mancharé todo un folio para hablar de derrotas.
Después de tanto vaciarme, sólo me quedaba una cosa por hacer...llenarme. Llenarme de días ganados, de lunas dispuestas a crecerse, de vida y vidas. Que forma de levantarme tan digna de un lázaro...me levanté y eché a correr. Por el camino me quité todas las mochilas a la espalda cargadas de piedras, me quité la sofocante ropa que me ahogaba el cuello, el viento se encargó de soltarme el pelo y los zapatos los dejé atrás. ¿Qué más puedo pedir? Recordé el sabor de boca de amores pasados, pude dibujar con los ojos las ventanas verdes que dan al patio, esas que tanto me gustan a mi, había flores y niños corriendo, imaginé las tardes entre los míos y muchas sonrisas...
Qué voy a contar yo de donjuanes y juanas locas de amor. Que yo también sé lo que es querer a reventar y sentir el mundo entre las manos. No me he olvidado de sentir. Alguna musa usando como excusa la inspiración me ha sabido robar algo más que sucios trapos de poeta. Tantos amores y sólo marcan cuando llegan a doler...


Ahora las sábanas blancas cuelgan en la azotea. Una tranquilidad recorre las calles que tiempos atrás temblaron de miedo. Todos los días son fiesta, y tengo un alma recompuesta. Se acabó la religión, y el llover sobre mojado. Ya no valen las prisas ni los templos sagrados a Ateneas. Ayer se terminó todo...

...Cierro los ojos, el último rayo de sol se va, estiro el cuerpo bajo las sábanas, y respiro...