jueves, 10 de enero de 2013
Delirium tremens
No se extrañe si le digo que la quiero así, libre de mi y del mundo. Lo mismo le da dejar al mundo plantao si quiere sentarse a pensar. Y se fuma un porro con la misma tranquilidad que a mi se me van los días detrás de cualquier delirio. No le miento si digo que no me muero si se va, si se queda le acompaño a caminar. Yo tuve más mujeres y ella una sola boca que alimentar. No tenemos mucho en común, siempre vistió de gala y a mi me gustaba despeinarme con el aire. No la encuentro cuando me lanzo a buscarla, vengo cuando se va, y la olvido cuando me extraña.
Sin embargo, en esta calle nos encontramos cada luna nueva al mes, sin esperarlo ni buscarlo, sin más razón que la de sentir, con la grandeza del que mira y sabe sin mediar palabra, porque no hace falta... Como un eclipse, o el terremoto que nadie nota. Es esa vez, cuando la luna se crece sobre nuestros ojos, alguien toca la guitarra por los tejaos y las calles de colores nos bailan al compás. El aire se llena de música y a nosotras nos da por respirar. Si ha de crecer, no seré yo quien le pinte piedras a su camino. Yo creceré con el mundo con ansias de vida. Y desde un mundo paralelo, con otras gentes y otro cuerpo durmiendo a nuestro lado, sabré bien que todavía hoy, algún extraño día, en diferentes camas dormimos juntas.
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