martes, 22 de enero de 2013

Ahora se acostumbren sin mi...

Y ahora me voy, sin más equipaje que el silencio y el oro de mi tiempo. Me voy a perderme, para al final encontrarme. Me he asomado al abismo y el vértigo me ha estrujado el cuello, tengo las piernas rotas de tanto correr. Me voy, dejando musas viudas gestando vida y desequilibrios, despeinadas y tan guapas. Verbenas sin baile ni borracho. Dejando atrás alegrías y penas. Me voy sin más, donde mis pies me lleven, porque así lo he decidido yo. Me voy queriéndote de la forma más sana que puedo querer, con los besos que te robé y puertas a medio abrir. Tus cinco segundos de éxtasis ahora son míos y retiembla el eco del gemir como un Big Bang. Dos corazones torpes, mojadas las calles ahora sólo hay silencio. El tiempo será quien ordene tanto caos. Es difícil decir adiós cuando todo encaja.

Ahora llueve y la garganta se me anuda, aún no ha empezado el día. A todas partes van caravanas de hombres tristes, como Machado contaba, van a ninguna parte, y mientras los observaba me he dado cuenta de que la corriente me arrastraba, que yo iba con ellos. Por qué será que me rompo con la misma fragilidad que el papel...A quién le explicaré que el mundo me duele, que sé cuando llega la primavera por el olor de las calles y los días de fiesta me pongo triste sin explicación, quién entenderá que me muero por vivir...
Quién aguantará tanto, si a veces yo misma huyo de mi. Esta filosofía suicida algún día me saldrá cara, ya me lo advertían los sensatos que ni sienten ni padecen.

Hoy me retiro para descansar y vivirme, descansar de mi y de todo, porque tengo las cosas tan cerca que apenas veo con claridad. Me voy para volver, para echar de menos, me voy conmigo, porque aunque hoy no sea mi día ni quizás mi tiempo, me vienen latidos que me recuerdan que estoy viva. Porque cierro los ojos y me imagino Granada tan bonita, pintada de amarillo y naranja, que me vuelven los colores.
Tengo el pecho lleno de luz, pero a quién le explicaré que me rompo como el papel...


Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.
Yo voy a cerrar los ojos
Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raices preferidas.

Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño. 
No puedo ser sin que las hojas 
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno, 
la lluvia que amé, la caricia 
del fuego en el frío silvestre.
En cuarto lugar el verano 
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos, 
Matilde mía, bienamada, 
no quiero dormir sin tus ojos, 
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera 
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero. 
Es casi nada y casi todo.


Ahora si quieren se vayan.
He vivido tanto que un día 
tendrán que olvidarme por fuerza, 
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.


Pero porque pido silencio 
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.


Sucede que soy y que sigo.
No será, pues, sino que adentro 
de mí crecerán cereales, 
primero los granos que rompen 
la tierra para ver la luz, 

pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas 
la noche deja sus estrellas 
y sigue sola por el campo.


Se trata de que tanto he vivido 
que quiero vivir otro tanto.
Nunca me sentí tan sonoro, 
nunca he tenido tantos besos.


Ahora, como siempre, es temprano. 
Vuela la luz con sus abejas.


Déjenme solo con el día. 
Pido permiso para nacer.


Pablo Neruda



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