miércoles, 2 de enero de 2013

Año nuevo

 

 


Abro los ojos. El último rayo de sol entra por la ventana y me da en la cara. Despierto en la cama con un gesto frágil y dulce. Creo que ayer se terminó todo.


La resaca me despeina las ideas, ideas que intento escribir y se me escapan. Lo peor ya ha pasado, y eso me reconforta. Ha terminado el tiempo de guerras y soldados de plumas con heridas de besos. Para mi ha sido suficiente, he envejecido como Bécquer en sus poesías cada noche que morí sin encontrarme. El cielo se llevó parte de mi en el último funeral. No vinieron a verme ni los colores en los peores días. Días que la inspiración desvanecía, mientras yo me perdía y ella se fue con la marea. Creo que llegué a perderlo todo, hasta los zapatos. Mi camino...siempre he sabido que mi camino era la pintura. Y hasta eso me lo han llegado a discutir, incluso eso... Este amor a la pintura es lo único que tengo asegurado para toda la vida, eso y esta joven piel que hoy se desviste. Pero no mancharé todo un folio para hablar de derrotas.
Después de tanto vaciarme, sólo me quedaba una cosa por hacer...llenarme. Llenarme de días ganados, de lunas dispuestas a crecerse, de vida y vidas. Que forma de levantarme tan digna de un lázaro...me levanté y eché a correr. Por el camino me quité todas las mochilas a la espalda cargadas de piedras, me quité la sofocante ropa que me ahogaba el cuello, el viento se encargó de soltarme el pelo y los zapatos los dejé atrás. ¿Qué más puedo pedir? Recordé el sabor de boca de amores pasados, pude dibujar con los ojos las ventanas verdes que dan al patio, esas que tanto me gustan a mi, había flores y niños corriendo, imaginé las tardes entre los míos y muchas sonrisas...
Qué voy a contar yo de donjuanes y juanas locas de amor. Que yo también sé lo que es querer a reventar y sentir el mundo entre las manos. No me he olvidado de sentir. Alguna musa usando como excusa la inspiración me ha sabido robar algo más que sucios trapos de poeta. Tantos amores y sólo marcan cuando llegan a doler...


Ahora las sábanas blancas cuelgan en la azotea. Una tranquilidad recorre las calles que tiempos atrás temblaron de miedo. Todos los días son fiesta, y tengo un alma recompuesta. Se acabó la religión, y el llover sobre mojado. Ya no valen las prisas ni los templos sagrados a Ateneas. Ayer se terminó todo...

...Cierro los ojos, el último rayo de sol se va, estiro el cuerpo bajo las sábanas, y respiro...




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