Lo siento, de verdad que lo siento.
Siento no sentir nada.
Me siento como el muerto que acude a su propio funeral.
Cargo con un perro en los brazos muerto de resignación.
Tu rabia y la mía, adónde han ido a parar, con cuántos sedantes, cuántos.
El tiempo ahora es un jarro de agua fría.
Qué no nos ha pasado.
Siento no sentirlo. Pero yo ni una uña de luto.
Queda el destierro y el desarraigo.
Y el diagnóstico: Cínicamente muertos.
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