Entre otras.
Sigo pensando que el arma mortal de doble filo, siempre, siempre, es el aburrimiento.
Me he aficionado a unas pastillas de no se qué unicornios suicidas.
No me he cambiado al vodka (importante)
Sigo creyendo en la eyaculación vaginal (más importante aún)
Sonia sigue siendo infiel por naturaleza,
menos mal, más la quiero,
y prestándome libros
de la generación del 27.
Ya no encuentro la misma gracia a los Montes de Venus
sin Venus compartiendo conmigo afición por las moscas.
Antiojeras,
pintalabios rojo,
anfetaminas,
drogas de diseño,
y heroínas,
de las que salvan de verdad.
sin Venus compartiendo conmigo afición por las moscas.
Antiojeras,
pintalabios rojo,
anfetaminas,
drogas de diseño,
y heroínas,
de las que salvan de verdad.
Seguimos siendo capaces de perder los papeles,
coronada como ilustrísima dama del deshonor
capaz de hacer rabiar a una piedra.
En casa, a pesar de los 20, me siguen llamando La niña.
Mis exs también.
Así que todo no va tan mal.
coronada como ilustrísima dama del deshonor
capaz de hacer rabiar a una piedra.
En casa, a pesar de los 20, me siguen llamando La niña.
Mis exs también.
Así que todo no va tan mal.
Este año,
para variar,
no he sido tan hija de puta.
Y eso que de cuerpo para adentro soy la mitad de la mujer que empezaba enero vomitando.
Y eso que excusas y medias verdades no me han faltado.
Primero enero cultivando malas cosechas y su frase: las veces que perdí la cabeza por no tenerla entre tus piernas. Mala hierba siempre crece. Y más en tierras fértiles para abonos malos como las mías.
Febrero, ese cabrón tan frío, haciéndole una oda a tus faldas primaverales con poemas de Benedetti.
Ya conoces mi cursilidad, cariño.
Nunca aprendí a perdonar al cabrón de mi padre
hasta que llegó la primavera.
Volvió después de 20 años,
ni tan cabrón ni tan señor,
pero es que gracias.
ni tan cabrón ni tan señor,
pero es que gracias.
Se fue mi madre.
Y yo ya no entendía nada.
Septiembre, siempre el mes de las mudanzas.
El mes del desarraigo.
Entendí a duras penas, literalmente,
que deshaciéndome de todo, me haría conmigo misma.
Octubre apareció como el Cristo de los lunares, resucitándome de las cenizas y aireándome de la mierda.
Ya necesitaba tirar de milagros. Así que pinté.
Fue algo grande, y soberbio. Sucio y clásico.
Ya necesitaba tirar de milagros. Así que pinté.
Fue algo grande, y soberbio. Sucio y clásico.
Como el ego de un pintor.
Un año más, no todo va tan mal...
No hay comentarios:
Publicar un comentario